Being Rolando Díaz -PERFIL-

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Rubén Varona.

Esta vez su imaginación de artista no le estaba jugando una mala pasada, era James Tiberius Kirk (William Shatner), el capitán de la nave Enterprise, quien salía del aeropuerto internacional de El Paso, Texas.

Rolando escoltó a su pasajero estelar hasta la minivan: se veía más alto que en la serie de TV y en las películas de la franquicia de Viaje a las Estrellas (Star Trek). Sí, de las estrellas que aquella tarde oscura de noviembre de 2003, estarían de paso en El Paso, el lobby del salvaje oeste texano donde los trekkies se habían dado cita. Con este nombre se les conoce a los fans de esta serie creada en 1966 por Gene Roddenberry.

¿Y cómo hizo Rolando para que los organizadores de The Great Bird of the Galaxy Star Trek Celebration le asignaran la misión de transportar al Capitán Kirk a través de las arenas del desierto del Chihuahua?

—Pues fíjate que yo conocía a alguien que conocía a alguien que era conocido del organizador, y él le preguntó a mi conocido que si tenía algún conocido que quisiera conducir a algunas personas del aeropuerto al hotel y luego al centro de convenciones.

En la logística original del evento, una caravana de fans acompañaría al Capitán Kirk hasta su destino, pero el vuelo se retrasó, la caravana se deshizo y él tuvo la fortuna de recogerlo, y yo, de malograr su historia.

—¿Y cuál es la agenda para esta noche? —la mirada de James Kirk se extravió en el cristal de la ventana, parecía explorar mundos extraños, nuevas formas de vida.

—No tengo esa información, Capitán —el piloto arrugó la frente y levantó una ceja.

—¡Consígala! ¡Es una orden!

¿Le había dado una orden el Capitán de la nave Entreprise? Sin lugar a dudas, éste es uno de los recuerdos más especiales que conserva Rolando, ¿cómo no? Es como si Mr. Walter White me pidiera a mí, adicto a la serie Breaking Bad, que le ayude a cocinar Meth en el laboratorio de su RV, o si Juanes le exigiera ponerse la camisa negra a un músico frustrado y medio romanticón y Oro Sólido, a una merenguera, bailar la Tanguita Roja.

“Las personas son como diamantes —filosofa Rolando—, dependiendo de la perspectiva en que se las mire, enseñan sus diferentes facetas”. Así es él, un hombre de múltiples rostros que hace 48 años nació en Allende, Coahuila, México, la misma ciudad fronteriza de su madre, y creció en Eagle Pass, los Estados Unidos; el país de su padre.

De él podría decirse que es un Chicano hasta la médula, un hombre bicultural, binacional: “pero no un pocho”, aclara. Su vida siempre ha estado balanceada por fuerzas opuestas, por relaciones binarias, como el rechazo de los “gringos” por considerarlo un inmigrante, un forastero, y de los mexicanos, por incorporar, sin darse cuenta, expresiones en inglés cuando habla español y viceversa. ¿Y entonces quién es un pocho? —le pregunto capciosamente—. Es alguien que no es consciente de su pasado indígena y méxico-americano, pero que se apellida Hernández y lo pronuncia Jérnandez.

De su familia menciona que fue el primero en graduarse del High School, así como el primero en ir a la universidad y seguir una maestría (Teatro). Y cual si fuera poco hizo otra maestría pero ahora en Inglés y otra en Educación Bilingüe y otra más en Español. Sus maestrías —afirma sonriendo— han sido muy importantes para él, en cuanto le han permitido acercarse al mundo hispanohablante de su madre y al angloparlante de su padre. Ahora se encuentra terminando su doctorado en Español y Literatura en Texas Tech University, donde investiga la identidad chicana a través de la novela detectivesca. Una vez termine estos estudios, quiere hacer otro doctorado, pero ahora en su lengua paterna: “así nadie podrá decir que el Chicano de Rolando no habla inglés ni español”.

Su interés por el lenguaje lo llevó a escribir el libro: Tales from the Tortilla Curtain and Other Stories. Dicha publicación (2007), sin lugar a dudas precursora de la Ciencia Ficción escrita por Chicanos, es un esfuerzo por narrar la experiencia de vivir al filo de la navaja: ¡Charápate! (shut up), y abordar, con humor delirante, la identidad mexico-americana: aquí no me vengas con tus amsorries! No es gratuito que este admirador de Guillermo del Toro y de Scott Fitzgerald se haya propuesto expandir un virus lingüístico; con este término se refiere a aquellas palabras del español que según él, deberían existir en el inglés. En ese sentido sueña que una rubia de metro ochenta le diga: he was very encabronaired (encabronado) because the library was closed.

Pero más allá de acumular títulos y de desafiar el lenguaje, la literatura es lo que realmente lo apasiona, en especial, los géneros de la ciencia ficción (The Matrix), la fantasía (Harry Potter) y la aventura (Indiana Jones). Por ello no resulta extraño que reconozca La Saga de los Confines, de la autora argentina Liliana Bodoc, como una de las obras que más lo han impactado en los últimos años, en gran medida por la lucha de fuerzas entre el bien y el mal.

—¿Y cuál fue su primer contacto con estos géneros literarios?

—Recuerdo que a los siete años soñé con siete esferas blancas. Este sueño en apariencia tan complejo para un niño de esa edad, me llevó a pensar que vivimos  acumulando esferas y solo al reunirlas podemos ascender hasta un próximo nivel.

Este tipo de pensamientos se grabaron en las estribaciones de su cerebro: “más tarde entendería que la ciencia ficción es un pronostico del futuro, y el futuro, un asunto de la imaginación”, asegura recordando los teléfono celulares y las laptops usadas en Star Trek. Por ello las sociedades distópicas, fuera de su orden, resultan de su total interés. Tal es el caso de Minority Report o de Terminator, ficciones donde la creación (las maquinas), se han apoderado del mundo. “Esto no es nuevo —me extiende su pesada mano—, ya lo había hecho antes Mary Shelly, en Frankenstein”.

Al despedirnos, Rolando señala una cámara de seguridad de la biblioteca donde conversamos y haciendo una alusión a la novela 1984, de George Orwell, le dice bye al Big Brother: “¡Siempre nos están observando!”

About the author

Rubén Varona

Nació en Popayán, Colombia, en 1980. Autor de la novelas: El sastre de las sombras (La Pereza Ediciones, 2013) y Espérame desnuda entre los alacranes (Editorial Axis Mundi, 2007). Es estudiante de doctorado en literatura española en Texas Tech University. En el 2012 fue finalista, junto a Carlos Bermeo, del Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América 2012, con la novela La secta de los asesinos. Ese mismo año obtuvo su título de maestría en Creación Literaria (MFA), en la Universidad de Texas, en El Paso (UTEP), dentro de la cual fue reconocido como el estudiante más sobresaliente del programa (Outstanding Graduate Student). En el 2006, fue becario de la Fundación Mempo Giardinelli y la Universidad de Virginia, en el Seminario de Literatura y Crítica Argentina. Sus relatos, crónicas, poemas y ensayos, han sido publicados en diferentes antologías y revistas de los Estados Unidos, Latinoamérica, Alemania y España. Desde el 2008, es Vicepresidente para América Latina de la Asociación Internacional de Escritores Policíacos – AIEP.

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2 Comments

  1. Victor Raul Parra Pulido

    ME GUSTA. EMPIEZAS Y TIENES QUE TERMINAR. ENCUENTRO UN TONO MEXICANO EN EL " FIJATE…" HAS PODIDO OBSERVAR, VIVIR, COMPRENDER ESE SENTIMIENTO DEL SER CHICANO.TENGO LA SENSACIÓN PUES SOLO LO CONOZCO DE NOMBRE, QUE ESTOS LATINOS QUE NACIERON Y VIVEN EN USA TIENEN UN PROFUNDO ARRAIGO DE SU ANCESTRO LATINO E INCLUSO SON , LOS MAYORES, MUY CONSERVADORES Y FIELES A SUS TRADICIONES. ES ESTO ASI ? CUAL ES SU REAL ORIGEN? LA PERDIDA DE TERRITORIO MEXICANO A MANOS DE LOS AMERICANOS ? Y PASAR DE SER MEXICANOS A CONVERTIRSE EN AMERICANOS?

  2. Susan Achury

    La pregunta sigue abierta:¿Que es lo chicano? mientras descubrimos su alcance y analizamos el potencial que tiene como movimiento social es tambien interesante conocer sus implicaciones en la literatura. De la experiencia cotidiana de vivir en la frontera US-Mexico hay un millón de historias que se ven reflejadas en la cronica. ;)

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