Por: María Espinoza
“Me gusta ser el extranjero, el observador. Esa posición me parece natural, en parte por mi personalidad y en parte por lo que me ha tocado vivir: siempre he sido el gringo en Perú y el peruano acá”, afirma el escritor Daniel Alarcón en esta entrevista. Esta identidad diferencial emplazada entre dos mundos —la cultura latinoamericana y la estadounidense— permite a Alarcón una perspectiva múltiple desde la cual observa la realidad. Como resultado, su literatura proyecta una argumentación heterogénea, pues media en el mestizaje que se deriva del contacto multicultural. Desde esta mirada múltiple, la acelerada transformación de la ciudad de Lima y sus personajes se convierten en ejes centrales de significación, motivos centrales de sus representaciones literarias. Analíticas y críticas, sus historias rastrean nuevas formas de comunicar los resultados de la violencia social ocasionada por la ineficacia de las instituciones, la extrema diferencia de clases y la injusticia social en el ámbito latinoamericano.
“El hidalgo del Lazarillo supera a cualquier personaje desangelado de Carver”.
Si alguien quiere saber cómo ha conseguido Antonio Orejudo (Madrid, 1963) construir una obra tan representativa del territorio y el tiempo que pisamos, por qué esta obra resulta tan actual y fresca, por qué resulta tan —digámoslo así, a la tremenda y sin ironías— moderna, la respuesta probablemente se halle tras estos dos puntos: los clásicos. Sí, los clásicos, que nos dan tanta pereza, han ayudado a componer Fabulosas narraciones por historias, Ventajas de viajar en tren, Reconstrucción y Un momento de descanso, esas cuatro novelas tan —digámoslo así, a la tremenda y sin ironías— modernas. Al hablar con Antonio Orejudo uno se da cuenta de la auténtica longitud de las raíces de su obra y descubre lo poco que nos separa de aquel Siglo de Oro. Y resulta inspirador descubrir que Cervantes ya tenía respuestas para las preguntas que nos hacemos ahora. Solo necesitamos reinterpretarlas y adaptarlas a 2012. Antonio Orejudo lo ha hecho, con gran éxito de crítica y público.
Por: María Espinoza
El espacio citadino de South Beach es, en sí mismo, el tema literario, el escenario natural de la imaginación narrativa del escritor argentino Diego Fonseca. Espacio donde transcurren numerosas historias, South Beach se convierte en la materia prima de los sueños y desafíos del hombre moderno, el lugar en el cual convergen diversas raíces culturales, lingüísticas, étnicas, estratos sociales, generaciones diversas, etc. De esta manera, los relatos de esta colección se convierten en el lugar donde las voces —el funcionario corrupto, el vagabundo, la bailarina de cabaré, el héroe, el gordo, el filósofo, las “chiquiviejas” frívolas que se niegan a liberarse de la infancia, etc.— se vuelven independientes para mostrar su propia representación del mundo y para generar espacios de reflexión que revelan un panorama más totalizador y real de la sociedad estadounidense.
Por: María Espinoza
Ambientadas en diversos espacios de la ciudad, las historias de Elvira Navarro están inspiradas en anécdotas reales a las que el narrador incorpora escenas ficticias, mezclando así realidad con ficción y captando los contrastes culturales de los barrios de la ciudad moderna en los que cohabitan las actividades tradicionales, las ocupaciones cotidianas y los relatos de ficción. Caracterizadas en la adolescencia —período de grandes cambios físicos y psicológicos, etapa de incógnitas y preocupaciones—, las historias manifiestan un cúmulo de emociones y sentimientos que generan identificación con los personajes. Introspecciones sobre la construcción de identidad dentro de la etapa de la adolescencia, en una acepción más amplia, la narrativa de Navarro se convierte en una reflexión sobre la identidad colectiva de toda una nación.