Ygdrasil: el boomerang del ciberchamanismo

| 17/03/2013

 Por Juan Guillermo Sánchez M.[1]

1.     El boomerang

“Tras décadas de intenso trabajo, el equipo multidisciplinario asignado al

problema logró establecer patrones matemáticos en las actividades paranormales.”

Empalme Rodríguez

Ygdrasil (Baradit 204)

            Imaginen que la tierra es una pieza de nanotecnología la cual ha desencadenado una fractura en el universo. Los chamanes que orbitan la galaxia y que sostienen el software del tiempo (un poliedro cifrado en kawesqar –lengua nativa del sur del Abya-Yala) están preocupados ante la posible interrupción de los ciclos. La megacorporación Chrysler lleva años buscando la manera de dotar de alma a su estructura. A través del Empalme Rodríguez y el proyecto Ygdrasil están a punto de lograrlo; han encontrado la manera de extraer las almas de vivos y muertos y luego conectarlas a una nueva estructura de corredores de mandalas, software-animales, puertos que sólo es posible atravesar en estados alternos de conciencia y orgasmos inducidos con mezcalina.

Esta realidad delirante es sólo la punta del iceberg que construye el chileno Jorge Baradit (1969-) en su novela Ygdrasil:

La Chrysler es básicamente una costra flotante con un agujero en medio. A través de ese agujero emerge el Ygdrasil desde sus asentamientos en el suelo marino. Es una anémona monstruosa que se eleva envuelta en nieblas. No toca los bordes del agujero en la Chrysler, se conecta a ella a través de cuatro seres humanos dispuestos en cruz. Sus cráneos están soldados a la estructura del árbol, y sus piernas entran en la Chrysler. Las bases de sus columnas vertebrales están soldadas al mismo borde y sus médulas espinales se abren en millones de filamentos que entran y recorren los sistemas de la isla. Torrentes de datos entran y salen a través de los vivientes, que oran día y noche, estimulados químicamente para sostenerse en un satori permanente. Eso aumenta su conductividad. (Baradit 218)

            La contraparte de este proyecto es un profeta caníbal y pervertido (el Invunche), quien ha llevado hasta el delirio el fervor religioso de la sección 14. Con un ejército de voluntarios, tontos y kamikazes, el Invunche planea robar el corazón del Ygdrasil (el Graal) e instituir un gobierno federal. Malestar cósmico, la ciudad de México es una pústula metálica en la que seres divididos, mutilados y llenos de implantes sirven de marionetas tanto al Directorio como al Ministerio de la sección 14.

            En el vórtice del huracán, Mariana, una chilena adicta al maíz (la droga intravenosa del momento), es la tuerca decisiva de la trama. Ella, junto con Günther (un oficial alemán muerto en una de las tantas guerras mundiales) y el Reche, (un selknam -guerrero del sistema inmunológico del cosmos- preocupado porque los acontecimientos sigan su curso) son los protagonistas de esta travesía ciberpunk, tecnopagana, ciberchamánica, realismo-mágica 2.0 y demás adjetivos con los que críticos y lectores han abordado este nuevo sendero de la ciencia ficción hispanoamericana.

            Produce vértigo leer Ygdrasil: sus referentes son como el árbol que la Chrysler ha estado construyendo por años. Cada tradición a la que se hace mención allí es una rama o una raíz del árbol, y de cada una de ellas se desprende una densa bibliografía en la que tarde o temprano el lector naufraga. No obstante, la mezcolanza esotérica de Baradit es fascinante: korikanchas (nombre quechua del templo del sol Inca) como recintos militares estratégicos, campos astrales y teclados ouijas como armas letales, machis (mujeres-medicina mapuche) cyborg fecundando biotecnología, Tezcatlipoca como un umbral devorador en el último anillo del árbol, y un chamán egoísta que lo sabe todo y que guarda para sí el misterio, el Tangata Manu. El selknam describe así a este último:

Un chamán es parte de una forma mayor, un nodo que contribuye a estructurar el cosmos, así como un átomo es parte de una molécula. Debe haber uno como él cada cierta distancia para sostener la forma del universo con su vibración y su oración. A medida que evolucionan van siendo capaces de remplazar sus órganos por mantras y figuras mentales muy poderosas. El tangata Manu ha alcanzado tal grado de perfección que ya constituye un verdadero sistema nervioso girando en torno de la Tierra. (Baradit 66)

Collage de tonos, mitos y técnicas, Ygdrasil evita los eufemismos y salta de descripciones sórdidas en momentos de tortura al flaite (slang del lumpen santiaguino) desenfadado de Mariana, o de las explicaciones pseu-científicas del narrador al acento épico de los subtítulos (Capítulo 3. De cómo el selconamo se apercibe de los padecimientos de la mujer Mariana y de los hechos de Pedro el ermitaño, según testigos de gran veracidad) o a las pausas poéticas que describen los sueños de la sensual protagonista; todo desde una prosa anárquica cuyos registros se atropellan y generan en el choque un estilo singular:

Un ruido la hace mirarse a los pies. Son pies de adulta sobre un montículo de arena. Alza la vista y ve un nuevo paisaje. Se da cuenta de que ha ingresado a la intranet. El montículo de arena es una pequeña isla en medio de un mar electrónico. Cubos de concreto saltan y caen de regreso al mar, trazando graciosas curvas sobre su cabeza. Cada cubo tiene un anillo de acero con una soga de dos metros de largo, y en el extremo de la soga puede ir amarrada cualquier cosa: una catedral, un pensamiento, una civilización, otro cubo. (Baradit 195)

El lector, pues, se siente perturbado, no sólo por los excesos de ese universo en el que no se sabe a ciencia cierta qué es magia, máquina o dios, sino por las abultadas convergencias: mayas, mapuche, selknam, kawesqar, náhuatl, taoísmo, esoterismo, cyberpunk, tripping, Borges, surrealismo. Convergencias que no son re-presentadas por Baradit, sino canibalizadas –como lo señala Jaime Araya en su artículo “Ygdrasil, una novela cyberpunk chilena”. http://www.puerto-de-escape.cl/2011/ygdrasil-una-novela-cyberpunk-chilena/

Ahora bien, más allá del autor mismo y de los referentes explícitos en su ficción, no es difícil encontrar en esta prosa los ecos de otras expresiones. Estoy pensando en las narrativas-testimonio de las plantas sagradas (del yajé, el peyote, la coca o el tabaco); o en las tradiciones orales que aun hoy perduran en bosques, lagos y costas del Wallmapu (territorio de la-gente-de-la-tierra en lo que hoy se conoce como Chile y Argentina), en el Putumayo Kofán o el Valle de Sibundoy Camëntsá/Inga, o en el tsunami de neo-chamanismos urbanos que conectan hoy Berlín con Vancouver y ésta con Bogotá, Sydney o Helsinki. Sobre todo este último link entre el chamanismo y la era de la información abre nuevas lecturas para leer Ygdrasil, una novela que no sólo crea su propia realidad, sino que aprehende (desde la ironía) el maltrecho estado de una espiritualidad contemporánea ávida de mitos y de técnicas.

En el umbral del nuevo katún -según el calendario maya-, testigos todos de esta época de ansias esotéricas, temores apocalípticos (recomiendo las “crónicas del fin del mundo” de Gabriela Wiener durante el 2012 en la revista Orsai – http://editorialorsai.com/buscar/?txtBusco=gabriela+wiener&revista=on) y rituales tecnopaganos online, el boomerang de la ciencia ficción se aleja de nuestra atmósfera rota y regresa con toda su fuerza cargado de actualidad: sí, la novela de Baradit lleva al lector por un mundo nunca antes visto, pero tras pasar la última página, esa misma ficción que nos pareció tan extraña de pronto aparece como familiar.

Indago en la Red. Escarbo en las raíces del árbol Ygdrasil. Encuentro, por sólo dar un ejemplo, la biografía en Wikipedia de un hombre imposible, acaso sacado de la ficción: Mr. Mark Pesce (http://hyperreal.org/~mpesce/), escritor, ingeniero, lector asiduo de William Gibson, futurista, profesor honorario de la Universidad de Sydney, diseñador del VRML (virtual reality modeling language) y de conceptos como el “ciberespacio”, consultor de Apple. Entre la lista de títulos, publicaciones y cargos, un detalle delirante. Después de haber pasado por el catolicismo, el protestantismo, el budismo y el taoísmo, finalmente en la década de los noventa, Pesce llega a la conclusión de que a través de la World Wide Web se puede acceder a un espacio sagrado y por lo tanto se puede crear un ritual tecnopagano, una especie de hechizo (witchcraft) colectivo-virtual: el CyberSamhain. En la introducción a su primer experimento, la frase con la que abre Pesce no deja de recordarme la novela de Baradit: “Teknos es lo que hacemos, y mythos, lo que creemos. Juntos crean ontos, lo que somos” (se puede leer en línea: http://hyperreal.org/~mpesce/samhain/).

Por décadas, teorías, colectivos, páginas web y blogs han tejido collages como este entre mito y técnica. ¡Puro folclor supernatural en línea! – como dice Michael Kinsella en Legend-Tripping Online: Supernatural Folklore and the Search for Ong’s Hat (2011). En páginas como deoxy.org o hiperreal.org (esta última en línea desde 1992) se pueden encontrar en una misma lista de búsqueda direcciones diversas para ingresar ya sea a algún círculo tecnopagano, visitar el archivo videográfico de la movida rave o estudiar la composición química del ayahuasca o el LSD. En la dispersión contemporánea, Ygdrasil aparece no sólo como una nueva alternativa de la ciencia ficción, sino como el boomerang de nuestro propio “estado de cosas”.

  1. 2.     El lector

“Todo es parte de una danza que hay que representar. Los caminos

de la existencia son misteriosos. Los equilibrios exigen cosas extrañas.”

El Tangata Manu a Mariana

Ygdrasil (Baradit 220)

           

Re-leo Los ovnis de oro de Ernesto Cardenal (1992), regreso una y otra vez sobre la imagen de ese poema dedicado a los Kuna-Tule (el que le da título al libro): allí, Turpana -interlocutor del poeta en Panamá- le explica al seminarista Cardenal sobre el profeta Kana Ibeourgun: “Antes decían que Ibeorgun vino en una nube de oro, / ahora que en un platillo volador de oro.” (Cardenal 238) Imagino los ovnis de oro sobre el archipiélago de San Blas, y un ascensor-pecera yendo y viviendo desde y hacia la luz: “En las avenidas, unas como lianas que son los hilos / telefónicos / con los que dios habla a larga distancia.” (Cardenal 235) La imagen hipnotiza: ¡la técnica y el mito en un solo fotograma!

Es mayo 26 de 2012. Voy a escuchar al crítico e investigador Juan Duchesne-Winter en la Universidad de Waterloo en Ontario (Canadá). Va a presentar dos charlas en un Congreso de Hispanistas: la primera, sobre el caribe interior y la literatura wayuu, y la segunda sobre pensamiento amerindio. Para sorpresa de muchos, en la segunda presentación Duchesne-Winter traza convergencias y divergencias entre el chamanismo y la filosofía de Felix Guatari y Gules Deleuze a partir de los estudios de Eduardo Vibeiros de Castro y sus “metafísicas caníbales”. Súbitamente, los ovnis de oro se posan con toda su fuerza sobre el auditorio: cada vez más se ensancha la posibilidad de tejer un discurso entre el mythos y el logos, de revertir el abismo entre la naturaleza y la cultura por los senderos de la posmodernidad y los estudios culturales.

Café en Tim Hortons. Tengo la fortuna de conversar unos minutos con Duchesne-Winter, un hombre que habla con la misma pasión de Andrés Caicedo que de Vito Apüshana o de Filiberto Ojeda Ríos, líder mítico de Los macheteros boricua. De pronto me dice: “Juan, ¿pero ya leíste a Baradit?”. El “pero” dentro de la pregunta me hace titubear. No, no lo he leído. Lo anoto en lápiz en la libreta en la que apunto todo y en la que todo se confunde y se traspapela. Un poco desorientado, esa misma tarde voy al pabellón de las editoriales. En el último pasillo, una amazona ártica me ataja en la librería de la UBC. Consciente de mi fascinación por su altura, me pregunta divertida: “What are you looking for…? Something… especific?”. Sin titubear, le digo que literatura indígena contemporánea. Entonces abre descomunalmente sus ojos azules y como un cyborg programado alarga su brazo firme hasta el estante: Walking the clouds. An anthology of Indigenous Science Fiction de Grace L Dillon (2012). Es imposible tanta coincidencia. Justo lo que estoy buscando. Los ovnis de oro, finalmente, como un proyecto literario indígena.

Los meses siguientes, leo con calma la antología, me pierdo en las realidades distópicas de los indígenas urbanos que desde hace décadas tienen un pie en la tradición y otro en la ruptura. Recuerdo la charla con Duchesne-Winter y leo en línea un artículo suyo titulado “Trampas del ciberchamanismo en Jorge Baradit” (http://www.80grados.net/trampas-del-ciberchamanismo-en-jorge-baradit/). Sin darme cuenta, lentamente me estoy acercando al país austral. En septiembre conozco en Montreal a María Teresa Panchillo, María Hueniñir y Lorenzo Aillapán (el hombre-pájaro), tres poetas mapuche que me abren una puerta a la sabiduría de la-gente-de-la-tierra (http://www.youtube.com/watch?v=S28nCznrFUg). Justo por esos días estoy escribiendo un ensayo sobre Puerto Trakl, el poema-homenaje de Jaime Luis Huenún al poeta del ocaso de occidente. La idea es presentarlo en Temuco en Noviembre en la Universidad de la Frontera. Allá voy. Más que charlas académicas, me interesa conocer al canelo, al pehuén, tomarme un caldillo de congrio en el mercado (tengo la oda de Neruda grabada en el disco duro), visitar a los amigos y…, por supuesto, comprar Ygdrasil de Jorge Baradit.

María Teresa Panchillo me invita a su ruca en Traiguén. Conozco su taller de poesía y su empeño por preservar el mapudungun entre los más chicos de la comunidad. Me muestra un video auto-editado por la comunidad sobre el antiguo juego del palín, en el cual su esposo es uno de los capitanes. La tarde está roja, el pájaro treilén anuncia la tormenta. Sin luz, en territorio nag-che, escucho -sin entender- historias de espíritus que se aparecen en sueños y que exigen ceremonias, las cuales debe oficiar la machi de la comunidad siguiendo preceptos y detalles.

Regreso a Temuco con los ojos todavía en la tormenta. Comparto los siguientes dos días con la poeta y activista Rayen Kuyeh, directora de la revista Mapu Ñuque (Madre Tierra) desde hace veinte años, desde donde ha sido precursora de la poesía mapuche junto con Leonel Lienlaf y Elicura Chihuailaf. Sin conocerme, Rayen abre las puertas de su hogar y comparte conmigo sus historias de lucha, exilio y resistencia. “Es tiempo de machis, Juan”, me dice Rayen. “¿Sabes que han nacido muchas machis en los últimos tiempos…?”, me pregunta sin esperar respuesta. Un día antes de regresar a la fría Londombia (Ontario, Canadá), estoy caminando por la plaza de Temuco, pensando en los vericuetos del viaje y en que todavía no he encontrado al bendito Baradit. Una esquina, otra esquina y de pronto me veo en una galería. Pregunto por una librería: Ygdrasil me espera en la vitrina.

  1. 3.     El debate

“Mariana se vio a sí misma como un hombre lleno de llagas,

cobre en vez de huesos, ojos como peyotes giratorios,

con los colores de un cuadro de El Bosco.”

Ygdrasil (Baradit 113)

 

 

El 10 de julio de 1953, William Burroughs escribe a Allen Ginsberg desde Lima que la noche anterior acaba de tomarse el último trago de yajé que trajo de Pucallpa:

      El yajé es un viaje en el espacio. El cuarto parece agitarse y vibrar. La sangre y la substancia de muchas razas, negro, polinésico, mongol de la montaña, nómada del desierto, políglota del cercano oriente, indio, nuevas razas aun no concebidas, combinaciones aun no realizadas atravesando tu cuerpo. Migraciones, jornadas increíbles a través de desiertos y junglas y montañas (éxtasis y muerte en altiplanicies donde las plantas se extienden sobre tu pene y enormes crustáceos nacen dentro y rompen la concha de tu cuerpo), a lo largo del pacífico en una canoa nativa hasta la Isla de Pascua. La Ciudad Compuesta donde todas las posibilidades humanas se extienden sobre un vasto mercado en silencio.” (traducción personal) [2]

La única prosa posible que encontró el escritor beat para describir su viaje con el yajé recuerda la travesía de Mariana en busca del Ygdrasil: sangre, razas, migraciones, desiertos, luchas internas, umbrales en el sexo. Un viaje espacio/tiempo en el que el cuerpo y la naturaleza se perciben desde otra lógica y en el que culturas disímiles se juntan en paisajes psicotrópicos. Como The yajé letters (Las cartas del yajé) son infinitas las descripciones de antropólogos, etnógrafos, filósofos, botánicos, poetas que como Burroughs han querido atrapar en la escritura el misterio del bejuco del alma (yajé o ayahuasca) o el peyote o el ambil o el floripondio o la simple charla junto al fogón con sabedores y chamanes. Recuerdo, en especial, el conjunto de entrevistas compilado por Ariel José James y David Andrés Jiménez en Chamanismo, el otro hombre, la otra selva y el otro mundo (2004). Allí, el reconocido antropólogo William Torres parafrasea al abuelo uitoto Don José García en su palabra de tabaco frío y coca dulce:

Yo estaba en esa época muy interesado en conocer cosas sobre la gente tigre, el hombre tigre, el hombre jaguar, el devenir jaguar, y le pregunté al abuelo José García, que vivía cerca a Leticia, cosas sobre la gente que podía hacerse tigre. Don José empezó primero a contarme una serie de experiencias que él vio hacer a su abuelo, quien fue su maestro, y luego, entre esas experiencias me dijo: “Hay dos tipos de gente que se hacen tigre. Unos se hacen tigre para hacer daño, para comerse a los animales del vecino, las vacas, las gallinas, los marranitos, y terminan comiéndose a los vecinos. Terminan convertidos en caníbales. Esa gente utiliza para transformarse en animal una flauta hecha de la canilla de un ser humano que se hayan comido. Pero hay otros que podemos hacernos tigres no para hacer daño sino para hacer cosas positivas y aprovechar la energía del animal para ir más rápido dentro de la selva, o para tener la fuerza del animal, para sacar una enfermedad del cuerpo. Entonces ya no es la fuerza humana sino la energía muy fuerte de un felino, y esas personas utilizamos canilla de venado”.

Dicho esto, don José García metió la mano entre la pared tejida en palma, sacó una canilla de venado y se la colocó en la boca, era una flauta hecha de canilla de venado y sin hacerla sonar, tan sólo colocándosela en la boca, su rostro de inmediato se transformó en jaguar. Para mí fue supremamente interesante e impresionante. Porque siempre se había dicho que era más bien mitológico… (Torres 141)

El eco de estas narrativas resuena en mi lectura de Ygdrasil. En la caña de venado de Don José García y en la “Ciudad Compuesta” de Burroughs confluyen la técnica y el mito. En las entrevistas con Guillermo Páramo, Luis Guillermo Vasco, Eudocio Becerra, Fernando Urbina, Antonio Guzmán, Carlos Pinzón y William Torres entre otros, que reúnen James y Jiménez queda claro que el chamanismo es un largo aprendizaje integral en el que otros rostros de la medicina, la botánica y el arte son revelados. También queda claro, además, que el verbo y el adjetivo no alcanzan a explicar esos parajes íntimos de sinestesia, muerte y nacimiento.

Soy consciente que en este paralelo con Ygdrasil, hay un detalle fundamental: el testimonio de Burroughs o Torres son palabras que quieren atrapar una experiencia vital, y en cambio la prosa de Baradit, aunque es otra forma de experiencia a través de la ficción, es abiertamente artificio, literatura. Lo cierto es que ambas narrativas resuenan entre sí.

En este punto, recuerdo un debate que mantuvieron dos viejos amigos recién salió Apocalypto (2006), la versión hollywoodense de Gibson sobre los mayas y el sacrificio. Mi amiga A decía que era una irresponsabilidad que el cine perpetuara estereotipos sobre el pasado indígena, y mi amigo B argumentaba que el cine no tenía por qué ser un documento histórico, sino que debía ser cine, sólo eso, es decir, ficción, entretenimiento. El debate nunca se resolvió. Los amigos dejaron de saludarse en la vereda. El debate continúa intacto en Ygdrasil.

Dentro de la multitud de lectores con los que esta novela habrá de toparse, imagino un lector A y un lector B. El lector A conoce sobre chamanismo, ha leído El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis de Mircea Eliade (1994) o El bejuco del alma (1992) de Richard Evans Shultes (contemporáneo de Burroughs, por cierto) o Yajé, el nuevo purgatorio de Jimmy Weiskopf (2002), e incluso The doors of perception de Aldous Huxley (1979), y tal vez ha compartido unos días con amigos mapuche o wayuu o ha tomado el sagrado remedio del yajé con algún taita peregrino a las afueras de Bogotá, Medellín o San Francisco. El lector B es, por el contrario, un lector asiduo de ciencia ficción, fan del cyberpunk, quien asume la fiebre esotérica y el turismo chamánico como carne para el artificio. El lector A señala preocupado cómo Baradit toma nombres de comunidades indígenas (náhuatl, maya, kawesgar, selknam) y palabras en lenguas nativas (machi, korikancha, kalfv) y las incrusta en la estética propia de su género, desfigurando las complejidades del chamanismo e invisibilizando la heterogeneidad de cada una de estas tradiciones. El lector B se ríe del comentario del lector A porque supone que en los límites de la ficción sólo está la lógica misma del universo construido por el autor.

Desde luego, en este horizonte de expectativas, siempre existe la posibilidad de un lector C: digamos alguien que ha leído a Baradit y al mismo tiempo Walking the Clouds (Caminando por las nubes) de Grace L Dillon, aquella antología que me recomendara la amazona ártica y que incluye textos de Gerald Vizenor (Anishinaabe), Simón Ortiz (Acoma Pueblo), Leslie Marmon Silko (Laguna Pueblo) y Eden Robinson (Haisla), entre otros. Con esta antología sobre el escritorio, el lector C opina que en los extremos de A y de B no es posible dilucidar la técnica y el mito en un único horizonte, tal como la propia Dillon explica en la introducción de su volumen: la ciencia ficción no sólo tiene que ver con el crecimiento significativo de una conciencia tecno-cultural de “occidente”, sino con la posibilidad de pensar la ciencia y la técnica más allá de “occidente”, así como de pensar el mito más allá de los estereotipos sobre los sujetos y grupos sociales con experiencias que desbordan la razón y la lógica dominantes (Dillon 2).

Dillon divide su antología en cinco partes: Slipstream Nativo, universos paralelos, saltos en la estela del tiempo, oportunidades de los escritores indígenas de regresar a su propia tradición y construir futuros y presentes alternos; Narrativas de Contacto, nuevas acepciones de “encuentro” y “descubrimiento” en donde los roles habituales de dominación se trastocan; Ciencia Indígena y Sustentabilidad, historias en donde el conocimiento de la naturaleza según las tradiciones indígenas se yuxtapone a la “ciencia occidental”, develando interconexiones entre personas, animales, plantas, espíritus y máquinas; Apocalipsis nativos, biblioteca de futuros dramáticos en los que el desequilibrio espiritual y ecológico sucumbe en pesadilla; y, finalmente, Biskaabiiyang, el regreso a nosotros mismos, ficciones que como el río, atraviesan las rocas y baches de la historia, para seguir fluyendo, construyendo en el futuro etno-horizontes (ethnoscapes), hábitats en los que confluyen armónicamente tecnología, razas y poderes. Así explica Gillon el reto que proponen estas narrativas: “En Anishshinaabemowin, la palabra gikendassowin comienza por medir la prevalencia y profundidad del discurso científico. Es conocimiento botánico, conocimiento de la tierra, pero también es conocimiento de uno mismo, enseñanzas y caminos para vivir. Narrando historias ha sido siempre el medio para preservar y transmitir este conocimiento tradicional.” (Traducción personal) [3] Desde la perspectiva del lector C, Ygdrasil -experimental para la ciencia ficción en español- tiene antecedentes en los propios narradores nativos, cuyas raíces (como en la ficción de Baradit) se pierden en el árbol del origen.

En 1992, por ejemplo, Leslie Marmon Silko (1948-) publica Almanac of the Dead (Almanaque de la muerte), una ficción de convergencias indígenas norte-sur/este-oeste. Allí, naciones como la Yoeme/Yaqui desfiguran las fronteras México/Estados Unidos y Anglo/Hispano a través de la memoria oral y la posesión de documentos coloniales y calendarios sagrados. En un momento de la trama, los protagonistas asisten a un congreso de Nueva Era. Los títulos de las ponencias desconciertan y convocan la ironía:

Tilly Shay, terapista en irrigación del colon, editor del Magazín Colon Limpio, discute la relación entre constipación crónica, los hombres anglosajones y su propensión a la violencia

La identidad cósmica del Cuerno Rojo y la Paloma Blanca (miembros adoptados por la tribu Abenaki). “Siente la nada de ser a través de la luz que emana del sagrado cristal”

George Armstrong – Entrenamiento intuitivo y sitios poderosos para la meditación

Jill Purcee – Canto tibetano

Frank Calfer – Chamanismo universal experimental

Lee Locke – Espiritualidad para mujeres

Campanas del Himalaya – Un concierto excepcional a las 2 pm., junto a la piscina, paisaje sonoro, ambientes arcoiris, conexiones cósmicas, y la Nueva Era: Dónde nos vemos después para la sanación? 8 pm., cancha de tenis (traducción personal) [4]

En la parodia de estos estilizados mercaderes de la espiritualidad, Silko encuentra la estrategia para denunciar la abusiva e irresponsable apropiación de los saberes indígenas. La programación del congreso de Silko es también reflejo de la dispersión de la que hablábamos unas páginas arriba a propósito del CyberSamhain online de Pesce y la propuesta de Baradit.

En plena conferencia, de pronto irrumpe la célula de una guerrilla internacional de eco-activistas (eco-warriors), la cual viene a informar a los presentes sobre los proyectos secretos del gobierno: “Los nuevos enemigos, dijo ella, eran la estación espacial y los magnates de la biósfera quienes estaban rápidamente agotando especies de plantas, aves y animales para que sólo los ricos sobre la tierra pudieran abandonar la polución y las revoluciones, y así retirarse a orbitar en unas islas-paraíso de vidrio y de metal. Las pocas especies, la escasa agua clara y el poco aire puro que aun queden en la tierra serán cosechados por estas colonias espaciales.” (traducción personal) [5]

En un gesto radical, apocalíptico y al mismo tiempo paradójico, los eco-guerreros están optando por convertirse en kamikazes, pues están decididos a dejar sin luz por una noche a cada uno de los Estados Unidos y así destruir todas las posibilidades de alto voltaje, plantas generadoras de energía e hidroeléctricas. En realidad, su convicción va mucho más allá de la práctica, ya que paralelo al activismo, los espíritus de la propia Madre Tierra están demandando justicia –como explica el propio Wilson Weasel Tail (Cola de Comadreja), la estrella del programa:

¡Los espíritus están enojados! ¡Ellos demandan justicia! !Los espíritus están furiosos! Para todos los humanos demasiado débiles o perezosos para luchar por la protección de la Madre Tierra, los espíritus dicen: “¡Mala suerte que ustedes no murieron peleando contra los destructores de la tierra porque ahora nosotros los acabaremos por ser tan débiles, por lavarse las manos y lloriquear mientras los invasores cometían crueldades contra los bosques y las montañas! Los espíritus te sermonearán, ellos se burlaran de ti hasta callar tu voz con whisky, día tras día. Los espíritus no te dejarán descansar. Los espíritus dicen que mueras peleando o mueras borracho.” (traducción personal) [6]

Para el lector C, con esta compleja trama de 1992, es claro que escritores indígenas como Leslie Marmon Silko han estado articulando por décadas universos ciberchamánicos desde los que han demostrado cómo saberes sistemáticos sobre la naturaleza y la cultura, propios de sujetos y comunidades nativas de América, pueden también imaginar ficciones interculturales hacia el futuro. Trayectoria compleja la del boomerang: a veces hay que conocer el pasado para viajar hacia el futuro. Dillon lo explica a propósito del almanaque de Silko y sus reminiscencias mayas: “El conocimiento de las antiguas historias de lucha y resistencia a través del tiempo es un componente indispensable en la predicción del futuro, el propósito real del almanaque” (traducción personal) [7]

Ygdrasil, pues, más allá de su clasificación como ciberchamanismo, es una novela en la que una mirada singular de posibles “técnicas arcaicas del éxtasis” –por usar el término de Eliade- o “estados alternos de conciencia” –como los definía Huxley- proyectan lo arcano hacia una realidad distópica. Así, imaginarios contemporáneos sobre lo étnico, lo arcaico, lo indígena, lo tradicional (no sólo amerindio), confinados por los estereotipos al pasado, al idilio y a los espacios agrestes por “civilizar”, aparecen ahora como una alternativa y una oportunidad ante los desencantos del progreso, los vacíos de la ciencia, la dispersión informática y la alerta ecológica global. Y este parece ser sólo el comienzo…, porque por este sendero recobrado, las posibilidades para la literatura, la fantasía del autor, la respuesta del lector ante el mundo y la naturaleza resultan infinitas.

Obras citadas

  • Baradit, Jorge. Ygdrasil, “Access code: Mariana”. España: Ediciones B, 2007.
  • Burroughs, William y Ginsberg, Allan. The Yaje Letters. San Francisco: City Lights Books, 2006. Editado por Oliver Harris.
  • Cardenal, Ernesto. Los ovnis de oro. Poemas indios. Madrid: Visor, 1992.
  • Eliade, Mircea. El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. México: Fondo de Cultura Económica, 1994.
  • Huxley, Aldous. The doors of perception. Heaven and Hell. Great Britain: Granada, 1979.
  • Schultes, Richard Evans. El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la amazonía colombiana, sus plantas y sus rituales. Medellín: Universidad de Antioquia, 1992.
  • Silko, Leslie Marmon. “Almanac of the Dead”. Dillon, Grace L. Walking the Clouds. An Anthology of Indigenous Science Fiction. Tucson: The University of Arizona Press, 2012. P. 215-231.
  • Torres, William. “El chamán, el tigre y el cuerpo sin órganos”. James, Ariel José y Jiménez, David Andrés. Chamanismo, el otro hombre, la otra selva, el otro mundo. Entrevistas a especialistas sobre la magia y la filosofía amerindia. Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2004. P.125-149.
  • Weiskopf, Jimmy. Yajé, el nuevo purgatorio. Bogotá: Villegas, 2002.


[1] Bacatá-Isla Tortuga, ficción, poesía, crítica al trote, literaturas nativas del Abya-Yala. Juan ha publicado diversos artículos sobre escritores indígenas procedentes de distintas naciones como la Wayuu, Camëntsá, Maya y Mapuche. Su último libro es una jornada por las tierras altas de Guatemala a través de la poesía de Humberto Ak’abal. En el 2010, editó en Colombia un libro de poemas breves, Río (http://www.letrassueltas.com/?p=672), el cual sigue fluyendo. En estos últimos años ha estado trabajando en modelos alternativos e independientes de publicación: Diarios de nada (http://diariosdenada.wordpress.com) es un libro de relatos llevado a la imprenta a través de una campaña crowfunding;  Balada / Track (https://payhip.com/b/7UFg) es una lista de reproducción con novela a bordo, un e-book recién bajado del bote de la no-existencia.

[2] En el original: “Yajé is space time travel. The room seems to shake and vibrate with motion. The blood and substance of many races, Negro, Polynesian, Mountain Mongol, Desert Nomad, Polyglot Near East, Indian – new races as yet unconceived and unborn, combinations not yet realized passes through your body. Migrations, incredible journeys through deserts and jungles and mountains (stasis and death in closed mountains valleys where plants spread out of your cock and vast crustaceans hatch inside and brake the shell of the body), across the pacific in an outrigger canoe to Eastern Island. The Composite City where all human potentials are spread out in a vast silent market.” (Burroughs 50)

[3] En el original: “In Anishinaabemowin, the Word gikendassowin begins to measure the prevalence and depth of scientific discourse. It is botanical knowledge, knowledge of the land, but it is also knowledge itself, teachings and ways of living. Storytelling was the medium of choice of transmitting and preserving traditional knowledge” (Gillon 8).

[4] En el original: “Tilly Shay, colonic irrigation therapist, editor of the Clean Colon Newsletter, discusses the link between chronic constipation in the Anglo-Saxon male and the propensity for violence

The Cosmic Oneness of Red Antler and White Dove (adopted members of the Abenaki Tribe). “Feel the nothingness of being through the emanating light of the sacred crystal”

George Armstrong – Intuitive Training and Meditation Power Sites

Jill Purcee – Tibetan Chanting

Frank Calfer –Universal Experiential Shamanism

Lee Locke – Women’s Spirituality

Himalayan Bells – A rare concert at 2 pm., Poolside, Donations Soundscape, Rainbow Moods, Cosmic Connections, and the New Age: Where Next for Healing? 8pm., Tennis Courts” (Silko en Dillon 217)

 

[5] En el original: “The new enemies, she said, were the space station and biosphere tycoons who were rapidly depleting rare species of plants, birds and animals so the richest people on earth could bail out of the pollution and revolutions and retreat to orbiting paradise islands of glass and steel. What few species and what little pure water and pure air still remained on earth would be harvested for these space colonies” (Silko en Dillon 229)

[6] En el original: “The spirits are outraged! They demand justice! The spirits are furious! To all those humans too weak or too lazy to fight to protect Mother Earth, the spirits say, “Too bad you did not die fighting the destroyers of the earth because now we will kill you for being so weak, for wringing your hands and whimpering while the invaders committed outrages against the forests and the mountains! The spirits will harangue you, they will taunt you until you are forced to silence the voices with whisky day after day. The spirits allow you no rest. The spirits say die fighting or die drunk.” (Silko en Dillon 223)

[7] En el original: “The knowledge of the past histories of fighting back and resistances throghout time is a neccesary component of predicting the future, the real purpose of the almanac” (Silko en Dillon 217)

 

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Juan Sanchez

Sobre el autor (Perfil de autor)

Bacatá-Isla Tortuga, ficción, poesía, crítica al trote, literaturas indígenas del Abya-Yala. He publicado diversos artículos sobre escritores indígenas procedentes de distintas naciones como la Wayuu, Camëntsá, Maya y Mapuche. Mi último libro es una jornada por las tierras altas de Guatemala a través de la poesía de Humberto Ak’abal. En el 2010, edité en Colombia un libro de poemas breves, Río (http://www.letrassueltas.com/?p=672), el cual sigue fluyendo. En estos últimos años he estado trabajando en modelos alternativos e independientes de publicación:Diarios de nada (http://diariosdenada.wordpress.com) es un libro de relatos llevado a la imprenta a través de una campaña crowfundingBalada / Track (https://payhip.com/b/7UFg) es una lista de reproducción con novela a bordo, un e-book recién bajado del bote de la no-existencia. ¡Salud!

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